Expuestos a jornadas de trabajo exhaustivas, y desarmados ante un virus que ya ha contagiado a más de 100 miembros del personal de enfermería por falta de insumos de protección.

Son la columna vertebral de cualquier sistema hospitalario. Ahora están al frente de la batalla, y aunque meses antes de la pandemia la Organización Mundial de la Salud (OMS) había proclamado a 2020 como el año Internacional del Personal de Enfermería y de Partería, hoy no piden aplausos, ni elogios, sino equipos de protección para poder combatir al virus. 

Luego de un mes desde que se registró el primer caso de Covid-19 en Ecuador, el 29 de febrero, el clamor de las enfermeras en los hospitales públicos de Guayaquil se une a un solo pedido: “¿Nos mandan a la guerra sin armas? exigimos las prendas de protección y bioseguridad”. Gloria Altamirano, enfermera retirada del hospital Teodoro Maldonado ante la situación, reflexiona “nuestra carrera se formó en una guerra, pero en los 35 años que tengo de enfermera nunca hemos tenido una situación así”.  

La carencia de uniformes protectores, batas descartables, guantes, mascarillas, gafas,   ponen en riesgo de contagio al personal médico. Es que según datos del Colegio de Enfermeras del Guayas, los casos contagiados del personal de enfermería llegan a 147,  bajo sospecha son 510, mientras que reportan cuatro casos en UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) y ocho fallecidas. 

No obstante, el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, ha asegurado en distintas intervenciones públicas que todos los hospitales tienen insumos de protección suficiente. Una realidad que para Johnny (43 años), enfermero desde hace 13 años en el hospital del IESS Teodoro Maldonado Carbo, es “una vil mentira”. Hace más de seis días que está en aislamiento y asegura que “en el Teodoro el 80% del personal está infectado por falta de equipos”.  

 

En específico, señala la falta de mascarillas N95, lo que ha hecho que el personal de salud tenga que reutilizarla durante varios turnos. “Nos dieron la recomendación de usarla hasta por cinco días”, expone Johnny. Sin embargo, de acuerdo con el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (conocido por sus siglas en inglés como NIOSH) enfatiza que, cuando se trata de pandemias el uso de la mascarilla N95 solo “pueden funcionar dentro de sus especificaciones de diseño durante ocho horas de uso continuo o intermitente”.  

Una medida de seguridad alejada de la realidad que vive el país. “Si estoy trabajando con un paciente con COVID-19 sería terminar el turno y desechar. Pero en este caso, por lo que no hay insumos, la N95 se debe utilizar máximo de dos a tres días”, reconoce Patricia Gavilanez, presidenta de la Federación Ecuatoriana de Enfermeras (FEDE).  

Así, las mascarillas han estado envueltas en irregularidades en cuanto a su compra. La fiscalía abrió en días pasados un investigación por un supuesto peculado ocurrido en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), al pretender comprarlas con sobreprecio. Mientras que, el sábado pasado la Gobernación del Guayas, en un operativo conjunto con las Fuerzas Armadas, incautó 35,000 mil mascarillas en un depósito comercial para fines privados. 

Ante los hechos, David Giménez, presidente de la Red Unión Nacional de Enfermeras y Enfermeros del Ecuador, expone con un tono de voz lleno de indignación que el pedido del gremio es claro: “no queremos que nos den aplausos, no queremos que nos elogien, lo que queremos es que nos den prendas de protección y se respete al personal de salud”. 

Pero ¿qué pasa con los otros insumos que hacen falta o cuánto tiempo de vida útil tienen los guantes de nitrilo? Según cálculos del Colegio de Enfermeras del Guayas, los guantes deberían ser cambiados cada 30 minutos. Es decir, solo una enfermera trabajando 12 horas por siete días necesitaría 168 pares de guantes. Esta semana, el Colegio, además, denunció la falta de medicamentos como plaquinol y azitromicina para enfermeras que han dado positivo y necesitan tratamiento por Covid-19, así como realizar los exámenes de diagnóstico a los profesionales que se encuentran en atención directa a los pacientes. Por su parte, el ministro de Salud, reveló que hay «417 profesionales entre médicos y enfermeras (os) que han dado positivo de COVID-19». 

Aunque UCI y emergencias son las áreas prioritarias en cuanto a equipos de bioseguridad. “El virus ya está en todo el hospital y muchos compañeros están contaminados. Hoy murió un compañero con presunción de Covid-19 por las lesiones en sus pulmones porque no hay examen que lo confirme. Él era del área de contabilidad y no estaba cerca de pacientes infectados”, cuenta una enfermera del hospital del IESS Teodoro Maldonado Carbo, quien prefiere guardar su nombre por temor a ser despedida. 

A parte de las condiciones de trabajo, una de las mayores dificultades es la falta de transporte. Aunque desde el pasado 20 de marzo la autoridad de Tránsito Municipal (ATM) de Guayaquil anunció las rutas de transporte público para movilizar al personal de salud, los reclamos por la inoperancia continúan. Por eso, en el Hospital del Niño Dr. Francisco Icaza Bustamante, las enfermeras se agruparon para exigir a las autoridades mayor atención y transporte. “Varias compañeras  deben recorrer kilómetros por horas para llegar a su casa, porque no hay transporte, por el toque de queda”, añade Gavilanez. Para evitar estos problemas de movilización en el Teodoro, por ejemplo, se aumentó la carga horaria “24 horas a las enfermas sin las garantías del caso”, revela Johnny.

Antes de la pandemia ya había déficit

La ausencia de insumos frente a la emergencia no es del único mal que padece el sistema de salud ecuatoriano, ya estaba enfermo mucho antes de la crisis.  “Si se relaciona el número de profesionales de enfermería con la población y con base a los estándares mínimos de la OMS tenemos un déficit que hemos visibilizado y solicitado a las autoridades en su debido tiempo, y aunque sí se incrementó, aún no son suficientes. Ahora con la pandemia nos hace falta muchas enfermeras específicamente en Guayaquil”, reconoce Patricia Gavilanez, presidenta de la Federación Ecuatoriana de Enfermeras (FEDE).

Es que de acuerdo, al Instituto Nacional de Estadísticas (INEC) en 2018 había 24.751 enfermeros (as) en el país, tres veces más que el número que se registraba en el año 2000. Mientras que en la actualidad, según FEDE, hay 16.500 enfermeros (as) operativas, de ellos el 95% mujeres y 5% varones. La pandemia llegó en un momento en que los servicios de salud no estaban tan equipados porque nunca se esperó que se iba a expandir de esta manera. Es conocido por todos los bajos presupuestos que tiene Ecuador en la salud”, describe Gavilanez. 

La realidad es que antes y ahora faltan manos. “Solo en el Teodoro se necesita 110 enfermeras y auxiliares, pero quién se va arriesgar si no tenemos las garantías para brindarle cuidados al resto. ¿Qué nos espera en casa? ¿qué hay de nuestra familia?”, señala una enfermera del área de hospitalización del Hospital Teodoro Maldonado. 

FEDE estima que existen 4.500 miembros activos del personal de enfermería en toda la provincia del Guayas. Cifra que se acerca al monitoreo estadístico del Colegio de Enfermeras de la misma provincia, quienes aseguran que hay más de 3.000. 

Frente a esta problemática, la noche del jueves 26 de marzo, el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, anunció en cadena nacional una «estrategia rápida» de contratación de personal de salud en el sistema público debido a la emergencia sanitaria, se prevé contratar a 700 profesionales.

Pero la medida a ojos del personal de salud viene con trampa. “Siendo Guayaquil el epicentro, se debería redoblar esfuerzos para contratar personal. Pero lo que está haciendo el gobierno es contratarlos por tres meses. No es lógico, nadie va a querer arriesgar su vida por tres meses de contrato, y luego nuevamente desempleados”, recalca David Giménez, presidente de la red.    

Cuando aún los tiempos de pandemia estaban lejos de ser una realidad, en 2019, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un estudio donde señalaba que, debido al envejecimiento de la población, para el 2040 América Latina necesitaría 8 millones de enfermeras.

Hoy frente a la crisis sanitaria esa necesidad tendrá que ser suplida cuanto antes.  

 

Gisella Rojas
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